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La maldición de Babel, la riqueza del multilingüismo y la rosa de Shakespeare


Disfrute de esta riqueza del multilinguismoSonaba una de las canciones de aquel concierto en el Olympia de Lluis Llach y el señor C. tarareaba su canción favorita: comun arbe nu, condibús, fetalbén, comun arbe nu, xo lo sé, xo lo sé… y gracias a la riqueza del multilingüismo el señor C. ponía imágenes a los fonemas emitidos sin sentido.

Después saltó a su segunda favorita: ningú sabía el su nome, tudola deya la madam, rudona como una nó, estiradá y sesuá… y gracias a la riqueza del multilingüismo el señor C. recitaba fonemas sin sentido.

Al ordenador, buscó alguno de los libros en versión original del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, Amos Oz, y encontró uno que parecía interesante y cuyo título era

מיכאל של… y gracias a la riqueza del multilingüismo el señor C. desistió de su empeño.

Vino luego su hijo de dos años con un librito de poemas en asturiano de Pepín de Pría, para que le leyera su favorito: Coidosura. Anticipándose a los años venideros con las futuras preguntas, buscó en el enorme diccionario dialectal del asturianu el término coidosura, pero no apareció. Buscó con Google y encontró una única entrada: una referencia a Pachín de Melás que sólo especifica que Coidosura fue una poesía que ganó un certamen… y gracias a la riqueza del multilingüismo el señor C. leía en voz alta coidosura, los fonemas sin sentido.

En el CD sonaba ahora Madredeus, y el señor C. no pudo evitar tararear esforestamús señós da guerra, que cantan jaínos de vitoria… y gracias a la riqueza del multilingüismo el señor C. canturreaba fonemas sin sentido.

Llegó la hora de ir a cenar y el señor C., antes de recoger sus cosas y gracias a la riqueza del multilingüismo, se alejaba tarareando aquella conocida canción de John Lennon imayin ol de pipol, livin laif in pis

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